En contraposición con mi felicidad estaba el gesto compungido de aquel hijo de la arena mirando al cielo.
"¿Qué pasa?" Le pregunté
Sin dejar de mirar al firmamento con sus enormes ojos marrones me respondió
“Si llueve, todo se destruye, nuestras casas son de adobe, que al entrar en contacto con el agua se derrite”
Ahora tiemblo al imaginar mi casa convertida en un montón de tierra mojada. Tierra mojada en medio del infierno de la humillación de nacer y vivir en un campo de refugiados.
