Ilías tiene ojos de oriente. Es el guardián de todos mis secretos. Sé que no se los contará a nadie porque no los oye, los siente. No puede reproducirlos porque se esconden dentro de él y es incapaz de romper promesas. Como mucho me mira divertido con el dedo índice sobre sus labios carnosos, la señal del silencio universal.
No hace falta que me jures silencio porque ya lo inunda todo. No te preocupes porque yo tampoco le contaré a nadie el secreto, ese que sólo tú y yo conocemos, ese que encierra el misterio de porqué puedes oirme, aunque los médicos digan lo contrario.
A Ilías, que me enseña el lenguaje de la vida.